martes, 22 de septiembre de 2026

El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos [Reseña | Libro]

 

El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos.
Robert William Chambers.
224 páginas.
2011.
Saga Colecciones Valdemar » Gótica LXXXVII



Robert William Chambers (1865-1933) nació en Brooklyn en una familia de terratenientes de origen escocés. Estudió en la New York Art Student’s League y en 1886 se trasladó a París, donde convivió con la bohemia artística del fin de siglo. Cuando Chambers regresa a Nueva York, su vocación de ilustrador cede a su pasión por contar historias y publica un primer libro, «In the Quarter» (1894), sobre sus experiencias en París. Le seguirá un año después una colección de relatos, El Rey de Amarillo, que le convierte en un maestro indiscutible del moderno cuento de terror, capaz de aportar una visión del mal, el horror y lo sobrenatural, alejada por completo del monstruo y el fantasma gótico clásico.
En El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos –título que hace referencia a una obra imaginaria, «El Rey de Amarillo», cuya lectura provoca estupor, locura y tragedia espectral, y de la que el Necronomicon lovecraftiano es deudor– hemos seleccionado los cinco relatos de corte fantástico de la colección original (dejando de lado los que no lo son): La máscara, En el Pasaje del Dragón, El Reparador de Reputaciones, La demoiselle d’Ys y, el más famoso, El Signo Amarillo –obra maestra del cuento macabro de suspense, con un final escalofriante–. El volumen se completa con El Creador de Lunas y Una velada placentera, procedentes de «The Maker of Moons» (1896); y El Emperador Púrpura, El Mensajero y La Llave del Dolor, de «The Mystery of Choice» (1897).
En estos relatos, precursores de los Mitos de Cthulhu, se respira una atmósfera eminentemente pesadillesca, alucinatoria y onírica. El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos invocan un mundo de caos y perdición, fascinante y repugnante al tiempo, que nos recuerda algunas obras de Meyrink e incluso del propio Kafka.

Del prologo:
El Rey de Amarillo, libro real y libro ficticio, se erige por tanto en pionero artefacto posmoderno, que juega conscientemente con la referencialidad y la metaliteratura, construyendo un universo autónomo, prácticamente independiente de quienes le aportan existencia, voluntaria e involuntariamente.
De partida, nos encontramos en estos relatos con un componente eminentemente pesadillesco, alucinatorio, onírico, que las aleja un tanto, en primera instancia, del nuevo cuento de terror materialista, con sus elementos seudocientíficos y aparentemente racionalistas, que explican, de una u otra forma, la naturaleza de sus horrores o, al menos, nos dan pistas al respecto. Pero no estamos tampoco, naturalmente, de vuelta al mundo del cuento de fantasmas tradicional o el gótico victoriano. No hay monstruos sobrenaturales —ni vampiros, ni espectros, momias o aparecidos en sentido estricto— ni villanos criminales. A cambio, Chambers nos sumerge en una atmósfera inestable, insegura, que se mueve entre la realidad y la otredad, sin permitir al lector que se afiance en una u otra.
Vivimos tranquilos y sumisos, preocupados tan solo por nuestros problemas cotidianos, por el inmediato futuro que nos aguarda. Por el trabajo, el dinero —el engañoso amarillo brillante del oro—, la familia, la pareja o nuestras cada vez más reducidas posibilidades de irnos de vacaciones al destino soñado… Pero basta pasar más allá del segundo acto de El Libro Amarillo para que el extranjero no invitado a nuestra macabra fiesta de disfraces se quite la máscara… Que no era tal.

Vamos con las narraciones.

El Reparador de Reputaciones.
Citas:
«Ese día salí de casa del doctor Archer en la avenida Madison, a quien había visitado por mera formalidad. Desde aquella caída de mi caballo, cuatro años atrás, sufría en ocasiones dolores en la parte trasera de la cabeza y el cuello, pero en esos momentos llevaba meses sin importunarme y el doctor me despidió ese día diciéndome que no había ya nada más que pudiera curarme.»

«La gata sobre sus rodillas se giró súbitamente y le saltó a los ojos, y él la apartó lanzándola de un manotazo y trepó a la silla frente a la mía.»

¿Sabe un loco que está loco?
Producto de un accidente, algo no está bien en la cabeza del protagonista; sin embargo, no hay manera de que alguien, cualquiera, dude de manera pública sobre lo que está a bien comentar mientras piensa en grandezas por venir, porque la lectura del libro prohibido y otro más que sirve de guía para identificar al próximo rey le dan la seguridad de lo que está escrito en su futuro.
Es difícil identificar lo que es real (lo que pertenece a la realidad) y lo que está manipulando (su realidad): la narración está contada en tercera persona y es detallada con lo que pasa por la mente del «Rey», pero también lo hace cuando otros personajes entran en escena y ven cosas distintas (por ejemplo, una caja fuerte).

La máscara.
Citas:
CAMILLA: Usted, señor, debería quitarse la máscara.
EXTRAÑO: Ah, ¿sí?
CASSILDA: Sí, ya ha llegado el momento. Todos nos hemos quitado el disfraz menos usted.
EXTRAÑO: No llevo ninguna máscara.
CAMILLA: (Aterrorizada, en un aparte a Cassilda) ¿Ninguna máscara? ¡Ninguna máscara!
El Rey de Amarillo, Acto I, Escena 221.

Una extraña mezcla química que logra que un ser vivo, sin importar su tamaño, parezca el exquisito trabajo de un maestro escultor. Una historia de amor no correspondido se mueve en segundo plano. Los vericuetos del tiempo que pasa lentamente, donde los tres personajes se mueven hasta llegar al desastre, son narrados con un detalle único; un cuarto de música es el principal punto de referencia y un patio donde se recibe la noticia, no creíble, de que la reversa es posible, aun después de la partida del amigo íntimo.

En el Pasaje del Dragón. 
Citas:
«¡Oh! Vos a quien os arde el corazón por aquellos que arden
en el Infierno, cuyos fuegos vos mismo alimentáis a su vez;
cuánto tiempo suplicaréis: «¡Tened piedad de ellos, Señor!»
Porque, ¿quién sois Vos para enseñar y Él para aprender?»

En la Iglesia de St. Barnabé las vísperas habían terminado; un extraño personaje entra y sale por un oscuro pasillo y parece ser que solo el protagonista es capaz de verlo y ser visto, porque cuando el observador se descubre como observado, su vida depende de que pueda llegar a salvo a su casa, pasando por el pasaje del Drágon, un largo y oscuro pasaje, centro de la persecución y final del cuento.
Mientras que el cansancio y el soliloquio de una misa hacen que el sueño entre y despierte sentado en una de las largas sillas. ¿Qué es real? ¿Y ese personaje de oscura presencia? 

El Signo Amarillo
Breve poema de desesperanza frente al lago, en Carsosa, mirando las dos lunas.

El Creador de Lunas
Citas:
«Pero yo no miraba a la serpiente. Algo se movía… asomaba reptando del bolsillo del abrigo de Godfrey… el bolsillo más cercano a mí… algo blando y amarillo con patas semejantes a las de los cangrejos, totalmente cubiertas de gruesos pelos amarillos.»

Tres amigos se reúnen para llevar a cabo un fin de semana de caza mayor, solo que uno de ellos se ha llevado el trabajo a casa. Perteneciente a una institución gubernamental, su misión secreta, por lo menos hasta la mitad de la narración, es detener a unos traficantes de oro que apoyan a un movimiento subversivo. Es importante identificarlos y detenerlos a la brevedad, antes de que la economía nacional y después el mundo sufran una inundación de oro de la que nos tomaría muchas generaciones superar.
Pero en el fondo, un lago lleno de estrellas, una extraña mujer hermosa y un intercambio de lugares y tiempos nos hacen conocer al creador de lunas: poderoso «mago» que de verdad logra crear lunas frente a tus ojos.

Una velada placentera
Citas:
«Et pis, doucett’ment on s’endort,
On fait sa carne, on fait sa sorgue.
On ronfle, et, comme un tuyau d’orgue,
L’tuyau s’met à ronfler pus fort…»

Un excelente dibujante para un periódico de tirada nacional regresa de su última misión en el lugar más insufrible y fastidioso, donde el calor y el hambre están a la orden del día. Su editor lo busca recién desembarca y le da una nueva orden: una mujer ha entrado a la morgue y es necesario que se verifique su identidad. Porque parece que es la novia del editor en jefe. ¿Cómo? ¿No sabe si es ella o no? No, no lo sé. Y no tengo el valor para enfrentarme a lo que esté en esa fría plancha.
La sencilla tarea se complica al encontrarse camino a la morgue con todo tipo de pintorescos personajes que le hacen dudar de la magnitud de la tarea: un barco hundido en alta mar, unas cartas mojadas que llegan a su poder de la mano de una hermosa y pálida mujer; mas su capacidad de captar lo inmediato y plasmarlo en un dibujo detallado.

El Emperador Púrpura
Citas:
«El Emperador Púrpura resopló. Sus anchos, imberbes y curtidos rasgos revelaban una expresión obstinada que siempre lograba sacarme de mis casillas»
Una extraña y vistosa mariposa, el emperador púrpura, es motivo de envidias y arrebatos asesinos entre los dos principales coleccionistas de un pequeño pueblo, solo famoso en un rango pequeño de distancia por estas dos situaciones. Así, el peor de los detectives se involucra de manera forzada con la resolución de un asesinato, porque de otra manera, su cabeza corre peligro.
Un par de vueltas de tuerca, un asesino predecible y la demostración irrefutable de que la envidia es más poderosa que la ambición, o por lo menos en este caso, fue la primera en llegar.

El Mensajero *
Citas:
«—Treinta y ocho cráneos —dijo con un hilo de voz aflautada—; solo queda uno más y me opongo a que se siga con la búsqueda. Supongo que Fortin le habrá informado.»
Una terrible maldición que busca la manera de cerrarse a través de un cráneo encontrado de manera «fortuita». La acción de la historia hace pensar que el destino está escrito de antemano, que no hay manera de librarse, muy al estilo de Edipo.
Una vez que la rueda ha comenzado a girar, quizás desde el principio de que la palabra venganza apareció por primera vez en la cabeza del Sacerdote Negro, ya nada puede pararla. Hay maneras de retardar el terrible final: balas de plata, agua bendita, el amor de la esposa, el nacimiento de un hijo.
O quizás todo junto realizan el milagro.
Lo interesante de este cuento es la descripción de lo aterrador, los claros ejemplos del amor de la esposa, su capacidad de prever (aunque no sabe cómo, ni por qué) la protección que parece se le da de manera natural.
Cuento de amor que pelea contra el destino.

La demoiselle d’Ys * 
Citas:
«Hay tres cosas que me maravillan, oh, sí, y cuatro que desconozco:
El vuelo de un águila en el aire; el reptar de una serpiente sobre una roca;
el avance de un barco en medio del mar; y los requiebros de un hombre con una doncella.»

Un extranjero cazador que se mueve por las tierras de su interés se encuentra perdido y encontrado (como no) por una hermosa cetrista que lo salva y le enseña su lugar de residencia, le enseña el arte del que vive, se enamoran y, como episodio de la Dimensión Desconocida, una mala palabra, una actitud no correspondida y el sueño acaba. Solo una señal inequívoca de que el tiempo ha pasado no deja lugar a dudas de que lo vivido realmente ocurrió.


La Llave del Dolor.
Citas:
«Se escuchó un sonido en los pantanos, un destello en la niebla, la llamarada de una antorcha, un rostro blanco, lívido, terrible… el rostro del muerto.
Cayó de rodillas; cerró los ojos y los abrió. Tully estaba de pie frente a él con una soga enrollada.»

La justicia no tiene cabida en estos parajes solitarios y desolados, no por lo menos la que la sociedad humana tiene. El ansia de vivir hace que nuestro atribulado personaje sobreviva a cualquier evento que un ser humano puede darle, para finalmente tener que dejarlo todo en manos del destino, que va a cobrar cuentas sin importar el tiempo que haya pasado.

Hay dos narraciones que he marcado * que tienen más un toque romántico y amor desesperado sin dejar de tener un fondo de terror con la inmensidad de lo extraño que entra en la vida de los protagonistas; sin embargo, estos sobreviven y logran tener una vida «normal». O eso se supone, porque la narración no continúa más allá del final feliz.

Valor 8 de 10.
Más detalle del libro.

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