Pisando los talones
Henning Mankell
521 páginas.
1997.
Saga Inspector Wallander VII
Sinopsis
La noche de San Juan, alguien, agazapado tras un matorral, contempla cómo se divierten unos jóvenes... Por esas mismas fechas, ajeno al drama que se fragua, el inspector Kurt Wallander regresa de sus vacaciones, y en agosto, ya metido en la rutina, empieza a acusar un extraño agotamiento que está a punto de costarle la vida en un accidente de tráfico. Cuando acude al médico, se lleva un buen susto al saber el diagnóstico. Para colmo, Svedberg, uno de sus colegas, no aparece a su vuelta de las vacaciones, y una madre presiona a los agentes para que busquen a su hija: hace ya más de un mes, la joven se marchó de viaje con unos amigos de manera imprevista, y todo indica que las postales que han enviado son falsas. Svedberg, que sigue sin dar señales de vida, ¿no estaba investigando esas desapariciones? Wallander no puede ni imaginar las incógnitas que le presentará este caso... ni los sangrientos crímenes que deberá resolver, «y cuanto antes», como le pide el fiscal.
Citas:
«—Las representaciones de los monstruos que se estilaban en la Edad Media son muy diferentes a las del siglo XVIII y las mías tampoco se parecen a las que tendrá la próxima generación. Es un universo complejo y apasionante. El averno, las moradas de los espíritus, todo sufre constantes cambios. Por otro lado, me proporciona ingresos adicionales nada despreciables.»
Las cosas se el complican al inspector, is es que es posible. Y es posible.
«Sabía que se llamaba Nyberg y que era técnico criminal. Sonrió para sus adentros en medio de la noche. Nyberg nunca lograría descifrar el rompecabezas que él había creado. Quizás identificase las partes, pero nunca el todo, el oculto modelo que formaban.»
Una enfermedad que merece cuidados y observación continua, un asesino en serie difícil de identificar, un compañero muerto en circunstancias misteriosas; una mujer que entra y sale de la historia, pero que no se sabe qué función cumple; el tiempo corre porque no hay patrón que seguir.
En esta historia, todo se le ha juntado al inspector y no para bien; incluso el equipo que se conoce de años comienza a tener fragmentaciones causadas por la presión de hacer que las pistas se unan de manera coherente y la falta de sueño y comida cobra su cuota, además de los problemas familiares que cada uno de los policías por separado tiene que atender.
Y una vez más el sentido arácnido del inspector logra juntar las piezas adecuadas para tener un rompecabezas coherente que permita comenzar a buscar de manera correcta: pistas que parecen francamente fuera de toda lógica para lo que los pocos indicios con los que se cuenta ofrecen un avance real.
Aparecen nuevos personajes burocráticos a los que hay que demostrar capacidad, presentarse ante las familias afectadas, dar la noticia y aguantar el golpe de la recriminación.
«En este sentido, apenas tenemos margen para actuar. Lo que necesitamos es un poco de eso que todos dicen rechazar y despreciar, aunque lo esperen y lo deseen: un golpe de suerte; que la teoría por la que nos decantemos resulte ser la adecuada, que la pista que decidamos seguir no nos aboque a un vacío inesperado»
Recomendables los últimos tres capítulos: cierre apretado que demuestra el colmillo del inspector para tomar decisiones en situaciones adversas y bajo la presión de tener que salvar la vida. El epílogo es insatisfactorio para mi gusto y suena más a cerrar pistas falsas (¿para qué se movió el telescopio de lugar? De todas maneras, nunca sirvió para nada) que a concretar los motivos del asesino para actuar de tal manera. Figura triste y callada que la única manera de expresarse es a través de una pistola.
Valor 9 de 10.
Uno de los mejores de la saga, hasta el momento. Imperdible.
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