Shogun
James Clavell
1975
932 paginas.
Saga asiática III.
Sinopsis
Tras perderse en el mar, el inglés John Blackthorne despierta en un lugar que pocos europeos conocen y menos aún han visto: Japón. Inmerso en la hermética sociedad nipona del siglo XVII, una tierra en la que la línea que separa la vida de la muerte es muy fina, Blackthorne debe enfrentarse no sólo a un pueblo extranjero, con costumbres e idioma desconocidos, sino también a sus propias definiciones de moralidad, verdad y libertad.
A medida que las luchas políticas internas y el choque de culturas conducen a un conflicto aparentemente inevitable, la pasión y la pérdida ponen a prueba a Blackthorne, que se debate entre dos mundos que cambiarán para siempre.
Cronológicamente seguirían el siguiente orden:
Shōgun: en el Japón feudal, 1600
Tai-Pan: en Hong Kong, 1841
Gai-Jin: en Japón, 1862
King Rat: campo de prisioneros de guerra de Japón, Singapore, 1945
Noble House: en Hong Kong, 1963
Whirlwind: en Iran, 1979
Vamos, pues, por ese camino. Va el primero.
Citas:
«El libro de ruta era un cuaderno que contenía las observaciones detalladas de un capitán que había estado antes allí. En él se consignaban las indicaciones de la brújula magnética entre los puertos y los cabos, las puntas de tierra y los canales, los sondeos y las profundidades, y el color del agua y la naturaleza del fondo del mar.»
Un grupo de ingleses llega a tierras de Japón, «ocupadas» ya desde hace un tiempo por los portugueses: el adoctrinamiento cristiano ha calado en la sociedad y construir una catedral en la ciudad capital ya es algo que se plantea y uno de los motivos de «negociación» con los principales jefes, vamos a ser testigos de varios arcos que se mueven alrededor de un solo objeto del deseo: el capitán de la nave inglesa, muchas más grande que cualquiera de las que el resto de los extranjeros poseen y el mismo, poseedor de conocimientos de navegación que solo la experiencia es capaz de proporcionar. Las fricciones son constantes tanto por la parte religiosa (budistas, cristianos, protestantes) así como la manera de pensar occidental (practica) y oriental (mística).
«Shogun era el rango supremo que podía alcanzar un mortal en el Japón. Shogun significaba Dictador Militar Supremo. Sólo un daimío podía ser Shogun en un momento dado, y sólo Su Alteza Imperial el Emperador reinante, el Hijo Divino del Cielo, que vivía recluido con la Familia Imperial en Kioto, podía otorgar aquel título.»
«Blackthorne sólo veía ahora el cuerpo destrozado que yacía allá abajo. Se preguntó qué clase de hombres eran aquéllos. Aquel hombre se había suicidado para llamar la atención a otro hombre que había renunciado a vivir. ¡Aquello no tenía sentido!»
De manera frecuente, el escritor se toma el tiempo y se agradece, de explicar características muy propias de la sociedad: vivir al filo de la muerte por no acatar los criterios de las mejores maneras que se impone en la convivencia diaria; el concepto del honor, llave de la manipulación entre iguales y sobajamiento entre los que se encuentran abajo en la línea del reconocimiento social.
«Karma era una palabra india adoptada por los japoneses de la filosofía budista y que significaba el destino de una persona en esta vida, destino inexorablemente fijado por sus actos en una vida anterior. Toda persona renacía en este valle de lágrimas hasta que, después de sufrir y aprender durante muchas vidas, alcanzaba al fin la perfección e iba al nirvana, el lugar de la paz perfecta.»
La figura del Papa, motivo de encono entre protestantes y cristianos es explicado al detalle para entender porque para los nativos no hace sentido la pelea is se trata del mismo Dios. Estas fricciones entre los europeos llega tan lejos como planear un asesinato, uno que podría dar todo o quizás nada al que lo ejecute.
«Tanto el día como la noche se dividían en seis partes iguales. El día empezaba con la Hora de la Liebre, desde las 5 hasta las 7 de la mañana, después venía la Hora del Dragón, de las 7 a las 9. Seguían las horas de la Serpiente, del Caballo, de la Cabra, del Mono, del Gallo, del Perro, del Oso, de la Rata y del Buey, y el ciclo terminaba con la Hora del Tigre, de las 3 a las 5 de la mañana.»
«—Al advertir que la tierra se había tragado mis sables y que yo estaba desarmado, Anjín-san bajó de nuevo a la hendidura a buscar el suyo, y me lo dio. Anjín-san, te entrego éstos a cambio. Son obra del maestro artesano Yori-ya. Recuerda esto: el sable es el alma del samurái. Si lo olvida, o lo pierde, nunca será perdonado.»
«—Somos invencibles, tú y yo somos invencibles. Los japoneses somos invencibles. ¿Neh?
—Sí.
—¿A qué se debe? —preguntó con ojos brillantes.
—Trabajo, disciplina y arrojo —aseguró Toranaga.»
Los eventos naturales también cuentan, y vaya que lo hacen: los temblores siempre llegan con sorpresa pero de manera oportuna para tragarse una pequeña villa pero al mismo tiempo salvarle al vida a alguien. Lo mágico es parte integral de la relación cotidiana: ejemplo claro de como el karma justifica cualquier resultado, positivo o negativo para la continuidad de la vida de todos (los sobrevivientes).
Bien escrita, tiene infinidad de partes memorables, de esos que se te quedan grabados en la cabeza: una frase dicha en el momento oportuno, la descripción de los castillos, los cambios de guardia, el interior de los grandes salones, el continuo juego de vida y muerte para los extranjeros recién llegados, el cambio de mentalidad, que poco a poco, van haciendo que lo que se extrañaba de otra tierra (familia, comida) se vayan olvidando, los nuevos y extraños aliados y enemigos.
La lectura no se hace cansada, pero si llega el momento de envidiar la suerte de algunos personajes: no es posible que la muerte se acerque tanto pero sea incapaz de tocarlos.
Particularmente esperaba más del final, pero entiendo que ya había alargado demasiado la historia. Sin embargo lo que is deja es la curiosidad de saber más de los personajes y el tiempo que les toco vivir.
Valor 9 de 10. Imperdible.
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