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sábado, 22 de febrero de 2025

La falsa pista [Reseña | Libro]

 La falsa pista.
Henning Mankell
353 páginas.
1971.
Inspector Wallander V


Sinopsis
En Suecia nadie recuerda un verano tan caluroso como el de 1994. Mientras la gente sigue con pasión los partidos finales del Campeonato Mundial de Fútbol, el inspector Kurt Wallander se dispone a iniciar unas cortas vacaciones. Pero la tranquilidad de la provincia de Escania se ve truncada cuando una muchacha, posiblemente extranjera, se suicida quemándose a lo bonzo. Wallander y su equipo tratan de averiguar la identidad de la chica y los motivos de esa trágica decisión; pero los sustos no han hecho más que empezar, pues un brutal asesino en serie ha comenzado su macabra actividad. Las primeras víctimas son un antiguo ministro de Justicia, un adinerado tratante de arte y un ladronzuelo de poca monta. Sin que pueda sospecharlo, la pista a la que Wallander se aferra para detener esta carnicería le conducirá a las altas esferas de la política, y pondrá seriamente en peligro su vida y la de sus allegados.



Citas:
«—¿Una mujer que se comporta extrañamente en un campo de colza? ¿Qué hacía?
—Si le he entendido bien, no hacía nada. Lo raro es que se encontraba en medio de la colza.»

De nueva cuenta, la historia no comienza en la época actual, ni es el comisario Wallander el que ve el inicio de todo.
No.
Esta vez nos vamos atrás en el tiempo a República Dominicana con un padre amoroso y una hija destinada a salir del país en búsqueda de mejores tiempos.
Y este caso comienza así: con una mujer haciendo cosas raras en un campo de colza y rodeada de bidones de gasolina. ¿En dónde los consiguió? ¿Por qué se autoinmola?
Lo cierto es que hay otra línea muy lejana que no tardara en chocar con este evento, creando una falsa pista a la que el subconsciente (a estas alturas ya sabemos como resuelve los casos el inspector) trabaja y trabaja sin encontrar la relación.
Entre tanto, los cadáveres se van acumulando: personas de perfil público van cayendo víctimas de un poderoso golpe de hacha y la perdida de algo más que la dignidad.

«—Gente corriente —dijo Hansson resignado—. Por fuera completamente normales. Debajo de la superficie, los enfermos mentales son bestias salvajes. Un hombre en Francia, el encargado de un depósito de carbón, solía abrir los estómagos de sus víctimas e introducía la cabeza para intentar ahogarse. Es solo un ejemplo.»

El asesino es brutal, enfocado, seguro de que lo que hace y porque lo hace es lo mejor que puede hacer para recuperar al ser querido. Contrario a lo pensado, el inspector habla directamente con él, sin sospechar (porque no hay nada que indique lo contrario) que se trata del perseguido.

«¿Dónde están las trampas y los vacíos? ¿Dónde se equivocan los pensamientos? ¿Dónde he combinado los hechos con las circunstancias de manera arbitraria, sacando una conclusión equivocada por haber simplificado?»

Aquí como en ninguna otra novela anterior, la mente del policía (que tiene que lidiar con la lejanía de su hija, un amor en otro país (ver Los perros de Riga); un padre que va en caída libre sufriendo Alzheimer; la perdida de compañeros de trabajo; la llegada de una nueva compañera y su rechazo inicial por el departamento...) es tratada a fondo, sus pensamientos son detallados, lo que ven sus ojos en el lugar del crimen se acompaña con algún recuerdo que posiblemente ofrezca alguna pista.

««La barbarie siempre tiene forma humana», pensó. «Eso es lo que hace que sea tan inhumana». Lo había leído en alguna parte. Ahora sabía que era verdad.»

El escritor ha puesto el alma aquí: se nota el esfuerzo por tratar de compensar el trabajo anterior. Nada es lo que parece, ni el asesino y sus motivos, ni las víctimas ni los familiares y mucho menos en donde se juntan y chocan las dos personas menos esperadas en la investigación: la mujer que muere en los campos de colza y el asesino con hacha en manos que recolecta lo necesario para quitar el conjuro.
Esta vez vale la pena recolectar las pistas, porque el lector sabe mucho menos que el inspector. El viaje es de acompañamiento mutuo, hasta la perdida de un juego de  llaves es sorpresivo para el lector.


Valor 9 de 10.
Excelente trabajo, bien escrito, retoma eventos de libros anteriores y lo explica en forma de pensamientos fugaces del protagonista.
 

Más información de este libro.

martes, 8 de agosto de 2023

Los perros de Riga [Reseña | Libro]

 

Los perros de Riga
1992
245 páginas.
Henning Mankell
Saga Inspector Wallander II


Sinopsis
Una fría mañana de febrero, un bote salvavidas queda varado frente a la costa sueca. Dentro yacen los cadáveres de dos hombres que, como confirma el inspector Kurt Wallander, han sido asesinados días atrás. Aquejado de estrés, con problemas de salud, lleno de remordimientos por desatender a su anciano padre y sin haber encajado bien la separación de su mujer, Wallander, una vez abierta la investigación, debe hacer de tripas corazón y posponer sus buenos propósitos de cuidarse más. Al averiguarse que los dos hombres asesinados eran letones, Wallander no tiene más remedio que viajar a Riga. En la turbulenta Letonia de 1991, en pleno proceso de restablecimiento de la democracia, Wallander se introduce en los ambientes de la oposición clandestina. En medio de esa atmósfera sórdida, conoce a Baiba Liepa: intriga, amor y conflictos de toda índole provocarán que su vida dé un inesperado vuelco.


Citas:
«Kurt Wallander imaginaba que el mayor Karlis Liepa llegaría a la comisaría de Ystad vestido de uniforme, pero el hombre que Björk le presentó por la mañana del sexto día de la investigación vestía un traje gris holgado y una corbata mal anudada. Era un hombre bajito y mostraba unos hombros enjutos, como si no tuviese cuello. Wallander no observó en él ningún rasgo militar. Pero el oficial letón fumaba un cigarrillo tras otro, por lo que sus dedos estaban manchados de nicotina y pronto causó problemas en la comisaría: los no fumadores se dirigieron a Björk para quejarse de que el mayor fumaba en todas partes, incluso en las zonas en que estaba terminantemente prohibido.»

«El lunes llegó la carta. Se sentó a la mesa de la cocina y leyó la pulcra letra. La carta estaba firmada por alguien que decía llamarse Joseph Lippman:
«Eres amigo de nuestro país. Desde Riga nos han llegado informes de tus grandes aportaciones. Dentro de poco tendrás noticias nuestras con más detalles acerca de tu regreso.»


Un misterioso informador mediante una llamada hace que la policía del pequeño pueblo se ponga en alerta. La testigo, mujer de mediana edad y duela de un perro pequeño, confirma lo que el soplón ha dicho: en un pequeño bote irrastreable llega a las costas con un macabro paquete: dos hombres jóvenes vestidos con elegancia muestran rastros de tortura y un disparo en el pecho del lado del corazón.
¿De dónde procede? ¿Quiénes son los ocupantes? ¿Qué motivo tan sádico castigo?
Las insignificantes pistas apuntan a Letonia y su capital Riga. Los engranes internacionales comienzan a girar y un miope y delgaducho policía es enviado a trabajar con Wallander. Tan solo al llegar muestra su profesionalismo y capacidad para fumar unos cigarros corrientes, que solo muestran en donde ha estado sentado.
La despedida es breve y tan solo un pequeño libro de arte es intercambiado como muestra de buena voluntad. El visitante no volverá a ser visto (con vida).
A los pocos días, la solicitud de presencia llega y la sorpresa es mayúscula:
¿Qué puedo yo aportar acerca de un desconocido?
¿De qué manera podría ayudar a esclarecer el asesinato?
Solo al llegar a Riga, las cosas se ponen interesantes: nuestro protagonista tendrá que ingeniárselas para sobrevivir a la continua vigilancia a la que es sometido y al mismo tiempo conocer los alrededores del hotel y otros lugares de «interés». Sin deberla ni temerla, se ve involucrado en una conspiración.
¿Está en condiciones mentales para sobrellevarla?
¿Qué gana con involucrarse?
Tan solo su perspectiva e intuición la ayudan a identificar los bandos en pugna; saber quién miente pero no porque; que se mueve en el fondo; los perros que olfatean el aire buscando el miedo que la población ha aprendido a ocultar bien...
El escritor aprovecha de manera eficiente, utilizando los ojos del inspector para describir la tristeza y suciedad de las calles, el ambiente enrarecido de la dictadura, las desapariciones de personas inocentes que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado.
Y al mismo tiempo, para darle sentido a la vida de alguien que no sabe que hacer consigo mismo: los insistentes pensamientos de salirse del cuerpo de policía; los sentimientos de culpa por descuidar a su padre; la casa abandonados por su mujer; la condición física que no se encuentra al cien; un corazón que pide a gritos que sea ocupado por la joven viuda...
El final es todo menos sencillo y lineal: las cuentas se van cerrando en la cabeza del inspector donde segundos previos no había nada, las decisiones son de vida o muerte, no solo para él si no para la viuda. Y tan solo la providencia logra hacer que, metidos en una batalla de fuego cruzado sobreviva quien tiene suerte.
Como cereza al pastel, partes del libro anterior aparecen aquí como recuerdos en momentos difíciles.
La tristeza flota a ras de suelo en el pequeño puerto donde inicio todo.

Valor 9 de 10.
Buena historia que nos lleva a meternos más en el lodo que es la vida del inspector.

Más información de este libro.


lunes, 24 de abril de 2023

Asesinos sin rostro [Reseña | Libro]

 Asesinos sin rostro
1991
205 páginas.
Colecciones Inspector Wallander I


Sinopsis
El extraño y cruel asesinato de un matrimonio de ancianos en la campiña sueca revela a Kurt Wallander la cara más oscura de la Suecia moderna.
En este histórico primer encuentro con sus lectores, el inspector Wallander debe resolver un caso casi tan complicado como su vida personal. Mientras procura desenmascarar a los despiadados asesinos de una anciana que ha muerto con la palabra «extranjero» en la boca antes de que los prejuicios raciales latentes en la comunidad desaten una ola de violencia vengadora, Wallander debe enfrentar el abandono de su esposa, la hostilidad de su hija, la demencia senil de su padre y hasta su propio deterioro físico a causa del exceso de alcohol y comida barata y la falta de sueño. Wallander terminará por hallar la inesperada solución del caso, pero sus problemas familiares no acabarán con este libro. Por no hablar de los de su país, arrojado a una nueva era en la que, como cree el inspector, «la inquietud aumentará bajo el cielo».

Citas:
««Son imaginaciones mías», se dice. «Veo borroso. Todo está igual. ¿Qué podría ocurrir aquí, en este pequeño pueblo de Lenarp, un poco al norte de Kadesjö, camino del precioso lago de Krageholm, en el corazón de Escania? Aquí no pasa nada. El tiempo se ha parado en este pequeño pueblo, donde la vida fluye como un riachuelo sin energía ni voluntad. Sólo hay unos cuantos granjeros viejos que han vendido o arrendado sus tierras a otros. Aquí vivimos a la espera de lo inevitable…»

««Hay un tiempo para vivir y otro para estar muerto», pensó mientras se frotaba los ojos para apartar el sueño. Era un conjuro que había adoptado hacía muchos años. En aquel entonces era un joven policía que patrullaba las calles de Malmö, su ciudad natal. En una ocasión, un borracho al que pretendían echar del parque Pildamm lo atacó por sorpresa con un gran cuchillo. »

«Cada vez que Kurt Wallander se veía obligado a comunicar una muerte, tenía la misma sensación de irrealidad. Explicar a unos desconocidos que un hijo o un familiar de repente había fallecido, y hacerlo de una manera honrosa, era imposible. Las muertes que la policía debía comunicar siempre eran inesperadas, muchas veces violentas y crueles.»


Comenzamos una nueva serie de detectives, novela negra.
Y siendo el primer tomo de la serie, no hay nada que sorprenda en el desarrollo, tanto del personaje como de la historia.
Tenemos un experimentado detective, con una vida destrozada por el trabajo: abandonado por su esposa (estamos frente a los primeros meses del desastre), un no saber qué hacer con la soledad que le embarga y la continua insistencia de querer estar al lado de su mujer, que para estas alturas ya tiene otra pareja.
Agrega un ola constante de remordimientos al sentir que tiene abandonado a su otra familia: ha perdido el contacto con su hermana y su padre (pintor empedernido) comienza a sufrir de demencia senil. O quizás solo sea el abandono al que se está mal acostumbrando.
También tiene una hija con la que no se habla (aquí es la brecha generacional), ambos saben de vez en cuando de la vida del otro, pero el contacto hasta ahí llega.
Estimado en su trabajo por su constancia y necedad para llegar hasta el final de cada uno de los casos en los que se ve envuelto, en su equipo tiene un alma gemela, un antiguo compañero de viejas batallas, al que le han diagnosticado una enfermedad.
Y finalmente el caso: un asesinato sin motivo aparente y con algunas cuantas pistas sueltas, que muy poco ofrecen para empezar a investigar. En los tiros en la oscuridad que se generan, se abre otro caso, menos sórdido pero que merece que se ponga atención, los culpables deben ser capturados y metidos tras las rejas. ¿Pero no nos estamos alejando de lo verdaderamente importante?
Los dos casos se muerden la cola: uno alimenta de información al otro (curiosamente sin que uno de los casos lo sepa) y viceversa. Eso y el extraño condimento de la casualidad y la buena «suerte» hacen que los último capítulos sean los mejores de toda la novela.
La ambientación de las tristes calles del pequeño pueblo donde la historia transcurre, el constante frío, la amenaza constante de la nevada, las heridas físicas que la(s) investigación(es) van dejando en el de por si maltrecho y descuidado cuerpo de Wallander agregan una capa más de tensión en la historia: en dos ocasiones pareciera que podemos darlo por muerto y que la historia se acaba sin que la justicia llegue para los que perdieron la vida.
Pero entre tanta perdida, para nuestro sufrido detective se abre una pequeña luz de esperanza.


Valor 7 de 10.
Comienza bien la saga. 

Más información de este libro.

domingo, 15 de mayo de 2022

Detectives victorianas [Reseña | Libro]

 Detectives victorianas
Michael Sims.
2017.
304 páginas.

Sinopsis
En los últimos años de la era victoriana, la opinión pública británica estaba fascinada —¡y preocupada!— por esa sospechosa figura conocida como la nueva mujer. Montaba en bicicleta, conducía esos peligrosos automóviles y no le gustaba en absoluto que le dijeran lo que tenía que hacer. También en la novela policiaca, estas mujeres rompían todas las reglas: en lugar de asistir a recepciones para tomar el té y conversar sobre las últimas tendencias de la moda, estas detectives pioneras preferían perseguir a un sospechoso bajo la espesa niebla de Londres, tomar ellas mismas las huellas dactilares a un cadáver o, incluso, cometer algún delito menor para así resolver un caso especialmente difícil.
Esta antología reúne por primera vez a las más grandes luchadoras contra el crimen de la época —y también a algunas selectas delincuentes—, como Loveday Brooke, Dorcas Dene o Lady Molly, predecesoras de las modernas damas del crimen. Relatos inteligentes, dinámicos y extremadamente divertidos, de mujeres que, por fortuna, se negaron a ocupar el estrecho lugar que la sociedad les tenía reservado.

Cómo siempre que se trata de una compilación de cuentos, la clasificación es la siguiente:

No pierdas el tiempo (*)
Entretenido (**)
Imperdible (***)
Extraordinario (****)

Del prólogo:

«El lector comprenderá que la mujer detective cuenta con muchas más oportunidades que el hombre para vigilar en la intimidad, y para seguir de cerca asuntos en los que un hombre no podría fisgar a su antojo».
Señora G., en The Female Detective (1864)

No es de extrañar que tales multitudes atrajeran a todo tipo de carteristas y rateros. En la calle podía darse cualquier delito: desde el «palo» orquestado por un trío de carteristas hasta la brutal pedrada al escaparate. Las casas particulares, ya fueran mansiones o habitaciones alquiladas, eran menos seguras que ahora, y recorrer de noche los callejones no era recomendable para los corazones delicados. Desvalijamientos, robos a mano armada, asaltos, asesinatos, infanticidios, violencia conyugal, crímenes motivados por el odio racial: uno podía encontrar cualquier depravación que se le antojase. Era una época muy parecida a la nuestra.
Conocerán a Dora Myrl, la joven vivaz, y a Amelia Butterworth, la madura sardónica. Se toparán tanto con una tragedia sustanciosa desentrañada por Violet Strange, una joven de mundo, como con la rutina profesional de policías como la señora Paschal, y con las aventuras de la infatigable detective privada Loveday Brooke. De las protagonistas del libro, solo Sarah Fairbanks, la intuitiva narradora del relato de Mary E. Wilkins, «El brazo largo», no es un personaje de una serie. Únicamente un personaje, la Amelia Butterworth de Anna Katharine Green, es en realidad una detective aficionada; no colabora ni con la policía ni con una agencia de investigación —a pesar de que en sus últimas apariciones se gana el respeto de Ebenezer Gryce, el ya famoso detective de Green al que había presentado en 1878 con El caso Leavenworth—.
En la mayoría de los casos he leído todas las entregas de la serie para elegir la mejor. En un par de ocasiones me encontré con dos o tres nominadas de la misma fuerza, y elegí la que había aparecido con menos frecuencia en antologías. También hallarán en este libro el primer capítulo de la destacada y divertidísima novela de Anna Katharine Green El asunto de la puerta de al lado, el debut de la entrometida solterona Amelia Butterworth, que es a todas luces la clara antepasada de la señorita Marple, de Agatha Christie, aunque más tridimensional y creíble como personaje. En esta selección no podrán ustedes seguir el misterio hasta su desenlace, pero comprenderán por qué la veloz y gráfica Green fue una de las escritoras con más influencia en el género.


01. W. S. HAYWARD. La condesa misteriosa. (1864) (**)
Citas:
«Este hombre de conducta severa y penetrante mirada era el coronel Warner, jefe del Departamento de Investigación de la Policía Metropolitana en la época de la que escribo. Se empezó a contratar a mujeres como detectives a petición suya. Hay que confesar que no se trataba de una idea original, pero demostraba que sabía adaptarse con ingenio a las circunstancias, y que no se le caían los anillos a la hora de imitar a aquellos cuyo talento les conducía a tomar la iniciativa en aras del progreso. Fouché, el genial francés, tenía la costumbre de contratar a mujeres para que lo ayudasen a descubrir las diversas intrigas políticas que perturbaban la paz del Primer Imperio.»

Ya puestos, tenemos a nuestra detective formalmente instalada dentro de la nómina de la policía y cuenta con un largo historial de éxitos. Ahora se le presenta un caso por demás extraño (o por lo menos difícil de aceptar): la Condesa de Vervaine, joven y hermosa, ha enviudado recientemente y si bien su anciano esposo contaba con una fortuna respetable, al morir ha dejado una importante cantidad en deudas cobrables de inmediato; pero las fiestas se llevan a cabo en la antigua mansión de manera periódica y con gran pompa. La vida social de la viuda va viento en popa.
El reto está enfrente y nuestra detective no lo piensa dos veces: la investigación comienza de inmediato (menos mal que nunca le lleva la contra a su jefe) y los desvelos dan frutos: pasearse por la mansión a altas horas de la noche, le permite ver a un extraño individuo totalmente vestido de negro, desaparecer por un oculto hueco de una de las habitaciones. La persecución comienza...

02. ANDREW FORRESTER HIJO. El arma desconocida. (1864) (**)
Citas:
«El gran novelista de enigmas, Edgar Poe, ilustra este estilo de escondrijos: hace que el dueño de una carta la coloque en un tarjetero sobre la repisa de la chimenea cuando sabe que van a registrar la casa y peinarla pulgada a pulgada para encontrar dicho documento.»

Un rico funcionario, al que llamaremos Petleigh, que vive en un rustico pueblo, perdido entre los bosques del interior de Inglaterra ha sufrido un robo.
Entre las extrañas actitudes que tiene en mencionado funcionario está la de cargar a todos lados con su vajilla de plata en grandes arcones, demás está decir que son movidos solo por sirvientes de su total confianza. Y cómo en está ocasión, ha tenido que ir a la gran ciudad (no es Londres), pues la mudanza ha comenzado.
Los primeros movimientos se realizan tan solo el dueño de la casa sale por la puerta grande. En breve, el resto de los arcones comenzaran el mismo viaje que él.
Sin embargo... sin embargo. A los pocos días, su hijo aparece muerto a las puertas de su mansión y con el arma homicida aun clavada en su cuerpo. ¿Qué tipo de arma es está? ¿Cuál ha sido el motivo del asesinato? ¿O se trata de un suicido? ¿Porque se dejó el cuerpo en la entrada? ¿O ha sido cargado desde otro lugar?
Dos damiselas que se han contratado como sirvientas son las encargadas de investigar y esclarecer este oscuro asunto.
Por cierto, toda la vajilla, sin una sola pieza perdida, ha llegado a su destino.

Luces estrobo en mi cabeza.
El libro es La carta robada (Poe, 1845).


03. C. L. PIRKIS. Dagas dibujadas. (1893). (***)
Citas:
«No era alta, tampoco baja; no era morena, tampoco rubia; no era guapa ni fea. Tenía unos rasgos totalmente insulsos; la única característica que llamaba la atención en ella era la costumbre que tenía de, cuando se quedaba absorta en sus pensamientos, entornar los párpados hasta que solo se veía una línea del globo ocular: parecía mirar el mundo a través de una rendija, en lugar de por una ventana.
Siempre iba vestida de negro, con un decoro y pulcritud casi cuáqueros.»

Aquí las cosas comienzan a cambiar, antes las detectives de los cuentos anteriores estaban contratas por la policía y debían de explicar lo que hacían y por qué lo hacían.
En este cuento, nuestra detective va por la libre (sigue estando contratada) y toma sus decisiones al momento y sin consultar. Su mente trabaja a una velocidad sorprendente: tiene respuestas para preguntas aun no formuladas.
El cuento es muy al estilo de Conan Doyle: las explicaciones se dan cuando las actividades ya han sido realizadas y el resultado está a ojos vistas. La sorpresa se dibuja en el rostro del resto de los personajes.
La narrativa, la personalidad agradable de la investigadora, la desesperación del solicitante del servicio y el triste final te harán llegar hasta la última línea lo más pronto posible.


04. MARY E. WILKINS. El brazo largo. (1895). (***)
Citas:
«Tengo la teoría de que es imposible que ningún ser humano entre en una casa y cometa un acto de tal naturaleza sin dejar tras de sí algún resto que, para quien sepa sacarle partido, equivaldría a los valores conocidos en una ecuación algebraica.»
«—La mente común piensa que las cosas están dentro de algo o encima de algo —dijo mi padre—. No contemplan la posibilidad de superar la gravedad y lo predecible.»

Una tragedia escrita en seis breves capítulos en un pequeño pueblo escondido donde todos los vecinos se conocen, intercambian productos hechos por ellos mismos y se dan el saludo todas las mañanas.
Nuestra desgraciada victima vive sola con su padre, su madre tiene varios años que ha muerto. Ella pretende hacer su vida, pero no está segura de su belleza, por lo que los rumores de que su novio es demasiado amable con una compañera de trabajo nublan sus días.
Una discusión la noche anterior entre padre e hija abre la puerta para que la desgracia entre por la puerta delantera de la casa y en la oscuridad de la madrugada, el padre sea asesinado. De esto último, no hay ninguna duda.
Lo que causa revuelo es que sea la ropa de la hija la que este manchada de sangre y que puertas y ventanas estén cerradas por dentro.
Un amigo abogado de la ciudad manda a un compañero para ayudarla a salir de este problema, pero es nuestra sufrida detective la que va aportando las pruebas, realiza la investigación y termina juntando todas las piezas para identificar al asesino.

05. ANNA KATHARINE GREEN. El asunto de la puerta de al lado. (1897). (***)
Citas:
«En la penumbra de un sombrío rincón (pues la habitación carecía de luz a excepción de la que entraba por la puerta en la que yo me encontraba) yacía la figura de una mujer bajo un mueble desplomado. Solo resultaban visibles su falda y los brazos extendidos; pero nadie que contemplase el rígido contorno de sus miembros podía dudar ni por un momento de que estaba muerta.»

A este cuento le podría dar fácilmente las cuatro estrellas de extraordinario si no fuera por un solo detalle: el cuento no está terminado. De manera sorpresiva salta a la siguiente historia, dejando las cosas sin terminar.
Pero lo que hay logra que la ambientación, el misterio se hagan presente desde el segundo párrafo.
A toda joven curiosa le parece normal asomarse a altas horas de la noche para ver cómo, de manera natural la llave sale del bolsillo del hombre y se abre la puerta de la casa vecina en donde los habitantes habituales han salido de viaje.
Seguro que se trata de uno de los hijos de los rancios dueños, esos que por más que se les pregunten cosas personales no sueltan prenda.
Qué raro que las luces no se hayan encendido y todavía más raro que el hombre salga corriendo.
Demasiado tarde o muy temprano (dependiendo de cómo sea vea) para meter las narices en la vieja casa, así que antes de tender la cama, la joven detective sale «disparada» a averiguar lo que pueda.

06. GEORGE R. SIMS. El hombre de los ojos feroces. (1897) (***)
Citas:
«En muchas ocasiones nos quedábamos mi marido y yo hasta la madrugada junto al fuego escuchando extraños relatos sobre crímenes y desentrañando misterios que nuestro amable vecino nos contaba. Nos fascinaba seguir los lentos y prudentes pasos con los que nuestro amigo, que parecía más un alegre marinero que un detective, se abría paso por los laberintos, dignos del palacio de Hampton Court, en cuyo centro se hallaba la verdad de los misterios que debía descifrar.»

Un accidente en un lago no profundo pero si peligroso y que se encuentra a tan solo unos dos kilómetros de la casa que habita una hermosa y casadera joven.
Como no puede ser de otra manera, los interesados en ser parte de la familia abundan. Pero sus ojos y corazón están puestos solo en un joven prometedor. Ella no tiene mucho que ha regresado de un largo viaje y la ansiedad por ver al novio no tiene límites, solo que su padre no sabe nada de este asunto.
Como ya dije antes, algo paso en los alrededores del lago y por muy poco la joven ha conservado la vida.
Unas grandes (y que a velocidad meteoro van tornándose morados) marcas en el cuello dejan claro que cualquier cosa que haya sido su encuentro no fue un evento agradable.
La única pista que tenemos es la descripción de un forastero en el pueblo con las características de usar un sombrero de bombín y unos ojos peculiarmente salvajes, inyectados en sangre pero que se comporta como todo un caballero.
Lo sorprendente es que al ser interrogada la joven, no puede aclarar cómo es que esas marcas han sido hechas y que nadie en el pueblo ha sido capaz de confirmar la salida del extranjero.
Este caso solo puede ser resuelto por una detective de la ciudad.

07. GRANT ALLEN. La aventura de la anciana quisquillosa. (1899) (**).
Citas:
«—Es que tenías bicicleta —interrumpió Elsie, alisando la pared a medio empapelar—; y en aquella época, por supuesto, las damas no iban en bicicleta. Debes admitir, Brownie querida, que era una innovación alarmante. Nos aterrorizabas. Pero, después de todo, no hay nada malo en ti.»

El cuento con menos misterios que resolver (ninguno pues).
Eso sí, al mando de la historia nos encontramos con una joven determinada a encontrar su camino en la vida y nada la detendrá. Ni siquiera la perdida reciente de sus padres y que por el momento se encuentra viviendo con la hija de unos amigos de toda la confianza de sus padres.
¿Y cómo llegar hasta Francia desde Inglaterra?
Pues tan fácil como salir a la calle y buscar. Lo que sea que esté buscando lo sabrá en cuanto lo vea.
Y lo encuentra en la forma de una quisquillosa, ácida y cotillona anciana que cuenta no solo con la solvencia económica para contratarla, también con el inicio de un viaje que pasara por el objetivo de nuestra heroína.
El trato será ser su acompañante hasta que ella llegue a su destino.
El resto del cuento va de como defiende a como dé lugar las joyas de nuestra anciana y los problemas en los que se ve involucrada.

08. M. MCDONNELL BODKIN. Las muescas del bastón. (1900) (***)
Citas:
«Siete días después de su llegada, la señorita Brown (alias Dora Myrl) iba bajando las escaleras del tercer hotel una tarde radiante cuando a mitad de camino se encontró cara a cara con un hombre alto de mediana edad que sufría una leve, levísima cojera, y se apoyaba en un sólido bastón de roble barnizado en tono oscuro y con empuñadura curva. Siguió su camino sin mirarlo una segunda vez. Pero aquella misma noche estuvo de charla con la camarera y se enteró de que el forastero era un viajante, el señor McCrowder, que llevaba varias semanas en el hotel; de que realizaba alguna escapada ocasional a Londres en tren, y de que recorría el campo en bici; «un caballero amable, nada exigente, y de modales agradables», añadió la camarera de su cosecha.»

Llegamos a la historia en donde Sherlock viste falda.
En un viaje que más novato del banco más importante de Inglaterra le ha sido asignada la tarea de entregar un portafolio con cinco mil libras. Esta es la historia del asalto al tren del dinero y como una avispada detective de Londres lo recupera utilizando su ingenio, su velocidad para ir en bicicleta y la búsqueda de un hombre que utiliza un bastón (no significa que lo necesite) con una muesca a una altura en particular. Si el bastón tiene esta marca en cualquier otro lugar no es la persona que se está buscando.
¿Intrigado?
Pues espera a ver cómo es que las piezas van cayendo de una en una para resolver el misterio. ¿O creíste que los ladrones ganarían?


09. RICHARD MARSH. El hombre que me cortó el pelo. (1912) (**)
Citas:
«»

Una niña de unos doce años con dos características importantes: 1) ama su cabello negro azabache que le llega hasta las rodillas y que su madre le dice que es precioso  y 2) sabe leer los labios por su madre es muda.
El problema de este cuento es que las circunstancias del robo y captura de los ladrones (ya te conté la historia completa) está dado por una serie de casualidades donde nuestra joven heroína se encuentra en el momento adecuado y viendo de frente al responsable de tomar decisiones: donde encontrarse después del robo; donde dejar el botín; cual es la palabra clave para que se entrega la mercancía y un largo etcétera; agrega la presencia de un detective adulto que tiene la capacidad de dar órdenes y de que sean obedecidas sin dudar.
Qué lo mejor que tiene este cuento es el recorrido por las tumultuosas y sucias calles del Londres de la época, la descripción de esos raros personajes y algunas costumbres ya olvidadas para tomar el tren o pedir un Cabriolet.

10. HUGH C. WEIR. El hombre que tenía nueve vidas. (1914).
Citas:
«Solo hay dos reglas para que un detective tenga éxito: trabajo duro y sentido común; no sentido poco común, como el que relacionamos con nuestro viejo amigo Sherlock Holmes, sino sentido común, profesional. Y, por supuesto, imaginación. Quizá esa sea una de las razones por las que he tenido éxito, como dice usted. Creo que una mujer siempre tiene una imaginación más aguda que un hombre.»

La responsable de dejar claro este asunto, sabe dónde buscar y como es del todo independiente para hacer las cosas, pues no da explicaciones de ningún tipo.
Eso tiene dos consecuencias: que el cuento tenga que ser narrado en tercera persona y que las acciones que la detective en cuestión realiza son totalmente asombrosas y sin sentido alguno para los que estamos leyendo.
Eso significa que a diferencia de los cuentos anteriores, vamos a ser solamente testigos de primera línea de la solución a base de intuición.
Una carta escrita con rapidez; una entrevista donde se aclara que alguien pretende matar al personaje principal, a quien le sobra el dinero; una sobrina como única familia de la cual preocuparse y finalmente el único vicio por el que es famoso: fumar en extrañas pipas (que tiene muchas).
Junta las pistas mientras la cronista nos va contando lo que sus ojos ven pero que su cerebro no tiene la capacidad de relacionar.

11. ANNA KATHARINE GREEN. La segunda bala. (1915) (***)
Citas:
«No. Es una buena suma de dinero, y me vendría bien; pero no pienso malgastar mi energía en un caso en el que no creo. Ese hombre se suicidó. Era especulador y probablemente tuviese buenas razones para hacer lo que hizo. Incluso su mujer reconoce que en los últimos tiempos había tenido más pérdidas que ganancias.»

Cerramos está compilación de cuento con uno muy bueno.
Todo comienza con la pelea de una pareja que tiene un hijo pequeño. Un portazo que provoca que los vecinos se asomen a través de las ventanas, el constante llorar del pequeño y... el escandaloso sonido por encima de todos los demás de un único disparo.
La eventual presencia de un policía, la ayuda de los vecinos para romper la puerta de entrada al departamento y la vista de una desgracia al ver que padre e hijo han muerto, golpeando por dos veces en un mismo instante a la viuda.
Nuestra detective en esta ocasión es una joven de posición acomodada que cobra altos honorarios por sus servicios, que además de todo son requeridos como agua de mayo.
Después de mucho insistir, su jefe (ella trabaja en una agencia de detectives) logra convencerla de tomar el caso (¿cuál caso?) debido a que la aseguradora no quiere hacer efectivo el pago de la prima porque alega  que se trata de un suicidio.
Entre las pistas tenemos un espejo roto y la amenaza de un antiguo amante.
¿Se trata de un homicidio o la aseguradora tiene la razón?
La última pista se encuentra en el lugar menos esperado.

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domingo, 11 de octubre de 2020

Las diabólicas [Libro | Reseña]


Pierre Boileau & Thomas Narcejac.

Planeta de Libros.

128 páginas.
1952.


Sinopsis
Ravinel y su amante, Luciana, se ponen de acuerdo para asesinar a Mireya, esposa del primero. Pero al poco tiempo Ravinel, todavía bajo la impresión producida por su crimen, empieza a recibir cartas de la víctima. Las señales y evidencias de que Mireya no ha desaparecido del todo provocan una crisis nerviosa en Ravinel, que empieza a enloquecer. ¿Qué había ocurrido realmente con Mireya? ¿Acaso había alguien interesado en aniquilar a Ravinel? El final, sorprendente e inesperado, no es sino la culminación de una tensión insoportable.
La que no existía es una novela policíaca clásica, con la particularidad de que la acción se inicia no en el crimen, sino con la maquinación que conduce a él, de modo que la narración alcanza la esencia misma del suspense y de la introspección psicológica. Fue precisamente esta peculiaridad lo que atrajo al director de cine H.G. Clouzot, que realizó, basándose en esta novela, su famosa película Las diabólicas.
Está es la primera vez que toco una obra escrita a dos manos. es imposible encontrar que pieza corresponde a cada escritor, así que por curiosidad me di a la tarea de saber de cada uno.

Citas:
«—La bañera. ¡Aprisa!
Había adoptado su voz profesional de doctora, una voz un poco seca que tenía la costumbre de pronunciar frases indiscutibles, la voz que tranquilizaba a Ravinel cuando se quejaba del corazón. Se arrastró hasta el cuarto de baño, abrió el grifo y el agua crepitó con gran ruido contra el fondo de la bañera. Temeroso, lo cerró a medias.»

«¡Extraño poder de las palabras! Ravinel siente bruscamente frío. Tiene frío por Mireya. Quiere ver. Se inclina sobre la bañera como un hombre presa del vértigo. Descubre la falda pegada a las piernas, los brazos doblados, las manos apretadas alrededor de la garganta… ¡Ah! La angustia. Cierra la portezuela de golpe, embraga. Conduce en dirección a la estación, escoge las calles mal iluminadas, llega a la del General Buat. La camioneta se balancea sobre el adoquinado, adelanta tranvías traqueteantes.»

«Emergía poco a poco de una especie de fatiga confusa, flotaba; era ligero, como desprovisto de densidad. Se dividía como una mezcla de aceite y de agua que se separa en dos capas. En una parte de sí mismo experimentaba una liberación, un alivio infinito, y en la otra se sentía aún pesado, caótico, espeso, pegajoso.»

«Recordó el lavadero y su mano se dirigió al revólver. Era el único objeto duro en el que podía apoyarse, en medio de la descomposición universal del espacio.»

Está es la historia de Fernando Ravinel, su esposa Luciana y su amante Mireya.
Lo que parece que es sencillo de realizar, no lo es.
Lo que parece de mostrar al mundo como un engaño, no lo es.

Y no es nada de lo anterior, por que la persona encargada de llevar a cabo toda la fantasía, no tiene el aplomo para hacerlo. Su vida no es ni ha sido fácil: una triste historia familiar, personas alrededor que han abusado y un físico que no le ayuda para hacerlo sentirse mejor: de estructura enclenque y con una calvicie galopante, es incapaz de tomar una decisión de peso que no lo haga sentir vértigos, incluso, encontrarse con viejos conocidos de la universidad se ve obligado a hacer un comparativo personal de sus «victorias» en la vida frente a los demás.
Mireya es la portadora de la verdad, sabe que hacer en el momento adecuado. Incansable y dura, no piensa en hacer las cosas, siendo la máquina de pensar de está historia. Universitaria, se gana la vida trabajando en un hospital.
Solo en una ocasión Ravinel encuentra la manera de tomar revancha sobre Mireya y eso, dura bien poco. Se sobrepone de inmediato para continuar con un férreo control de la situación.
Entre los dos, «organizan» la muerte de Luciana, personaje del que se habla poco y se supone mucho, solo hay dos cosas claras: es joven y tiene un seguro de vida, que es la cruz que marca el sitio del tesoro para la pareja perpetradora.
La ambientación (me ha encantado el detalle con que la niebla cubre al pequeño pueblo y la gente solo se puede identificar cuando sale de ella, como si se tratara de figuras de cera que poco a poco van tomando consistencia y adquieren nombre y apellido por ser los vecinos), la descripción de los personajes principales, la entrada y salida de los secundarios que complementan de manera genial la existencia (o la no vida) de Ravinel, son aspectos que los escritores (ambos filósofos con una historia de éxitos previos a la publicación de está obra).
Pero sobre todo, el final. Por que la búsqueda se convierte en el todo para Ravinel y su cabeza no le ayuda, cree estar metido en un problema sobrenatural y la solución que encuentra, no es un tesoro, es una desagradable sorpresa.

Aquí la película de 1955.


Valor 9 de 10.
El misterio no se resuelve si no con la muerte misma.

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